Las leyes tienen consecuencias
Un criterio de trabajo legislativo: estudiar el impacto económico, social, productivo y federal antes de decidir. Las leyes no son consignas.
Creo en una política que estudia, analiza y evalúa antes de decidir.
Estoy convencida de que las leyes no son consignas: son decisiones que impactan en la vida real de las personas.
Cada proyecto que se trata en el Senado tiene consecuencias económicas, sociales, productivas y federales. Una ley puede ordenar o desordenar; puede dar previsibilidad o quitarla; puede ampliar derechos o transferir costos hacia los sectores más vulnerables. Ninguna de esas consecuencias es abstracta: se traduce en una obra que se inicia o se frena, en un servicio que se sostiene o se recorta, en un empleo que se crea o se pierde.
Estudiar antes de decidir
Por eso el trabajo legislativo parte del estudio, el análisis y la evaluación. No alcanza con la intuición ni con la consigna: hay que entender cómo cada norma afecta al empleo, a las provincias y al desarrollo productivo. Esa es la diferencia entre legislar con responsabilidad y legislar para el aplauso.
Cada proyecto, caso por caso
Cada proyecto se mira por separado, con sus datos y su contexto. A veces eso significa acompañar una ley en general y, al mismo tiempo, marcar con precisión lo que está mal. Otras veces, oponerse con argumentos, no con gestos. Siempre significa hacerse cargo de las consecuencias de lo que se vota.
Datos clave
- Estudiar el impacto de cada ley antes de votarla
- Decisiones basadas en datos y análisis técnico
- Explicar siempre las consecuencias concretas para la gente